Las fotos que se ven en el Museo de Guerra son increíbles y sorprendentes, en especial cuando luego de haber sacado las fotografías, los fotógrafos lograban regresar a sus casas. Hay fotos e historias de algunos estadounidenses que se mataron a sí mismos en señal de protesta contra la guerra.

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Aun hay mucho sobre lo que no entiendo, como el que la guerra haya recibido apoyo de China y Estados Unidos, y como tantos civiles fueron asesinados, hace tan solo 30 años atrás. Y luego, lo que fue la guerra de Irak.

Pero bueno, después de esta visita deprimente fuimos a tomar un aperitivo a un parque, un buen refugio tranquilo y lejos de los ciclomotores. La imagen de cómo un millón de ciclomotores en una ciudad con poco tráfico y control es una verdadera locura, en especial si se requiere cruzar la carretera. Incluso cuando 20 ciclomotores vienen hacia uno, solo hay que caminar al mismo ritmo y dejar que todo pase alrededor, a un ritmo de dementes por cierto.

Pero tal como les digo, esto funciona, aunque es extraño pensar que con casi 3 meses que ya llevo en Asia, todavía me sorprenden la cantidad de ciclomotores que veo, algunas con familias de 5 y 7 personas arriba de esas cajas, algunas cubiertas con paneles de vidrio y aunque se tratase solo de un ciclomotor, el tiempo para sacar la cámara y fotografiarlos a tiempo se hacía verdaderamente escaso.

Y juro que los bebes aprenden a mantener el equilibrio sobre un ciclomotor incluso antes de aprender a caminar!.
Esa noche, junto a Julian y Kim me encontré un restaurante en la calle y bebimos de esas jarras de cerveza por menos de una libra de tamaño imponente, y solo con eso permanecimos allí hasta altas horas de la madrugada.

Vía: travelpod, Foto: flickr