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A pesar de todo lo que se pudiera pensar, como que en Vietnam viven muy retrasados en ciertos temas debido a su arraigada cultura religiosa y tradicional, las adolescentes del país no se pierden la oportunidad de andar a la moda cada vez que van por la calle.

Por las calles se puede apreciar una gran cantidad de adolescentes muy a la moda y con toda razón, si lo que más hay son tiendas de ropa, porque si se fijan bien, sea donde sea que vayan hay ropa y por doquier, y eso debe ser la influencia occidental más reciente que ha tenido Vietnam en su juventud.

Las adolescentes vietnamitas llevan leggins, pantalones sueltos y polerones típicos con colores y diseños eclécticos. Las zapatillas que más se ven son las de cuero y lona, las tipo skatter y con caña alta.

Esto de la moda adolescente en Vietnam es un fenómeno que a nadie ya parece extrañarle y las generaciones más antiguas parecieran aceptarlo, cosa que creo saludable, considerando que la opresión a estas alturas, en alto tan banal como la ropa, sería llevar una generación completa al hastío y la rebeldía, como sucedió muchos años atrás en China, donde se usaba eso de andar todos uniformados iguales hasta que se hizo más asequible y aceptable socialmente el vestirse con gusto propio y con variedad de estilos.

El tema pasa en estos países, por un asunto que trasciende de la cultura misma, y en todos los países asiáticos se está absorbiendo lo que es moda occidental desde hace al menos unos 10 años, con un ímpetu a veces poco razonable y hasta ridículo. Es tanta la admiración de los asiáticos por ciertos aspectos de Occidente, que incluso las mujeres han comenzado a cambiar sus rasgos físicos para intentar parecerse a las de Occidente.

En mi opinión, si los vietnamitas fueran capaces de crear su propio sello y estilo en moda, rescatando sus propios íconos culturales y tradicionales, les iría fabuloso, sellarían una identidad única y darían el primer paso a una industria siempre emergente. Esto de imitar todo desde otro continente, a mí me parece carencia de creatividad.

Vía: lyndsaycabildo